Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.
El hombre es animal de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.
Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.
El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo de un tigre.
El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
-antes que lo devoren- (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.
Damos la vida sólo a lo que odiamos.
Rosario Castellanos
domingo, 8 de junio de 2008
Una mujer desnuda y en lo oscuro
Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra
de modo que si ocurre un desconsuelo
un apagón o una noche sin luna
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera un resplandor que da confianza
entonces dominguea el almanaque
vibran en su rincón las telarañas
y los ojos felices y felinos
miran y de mirar nunca se cansan.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
es una vocación para las manos
para los labios es casi un destino
y para el corazón un despilfarro
una mujer desnuda es un enigma
y siempre es una fiesta descifrarlo.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera una luz propia y nos enciende
el cielo raso se convierte en cielo
y es una gloria no ser inocente
una mujer querida o vislumbrada
desbarata por una vez la muerte.
Mario Benedetti
tiene una claridad que nos alumbra
de modo que si ocurre un desconsuelo
un apagón o una noche sin luna
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera un resplandor que da confianza
entonces dominguea el almanaque
vibran en su rincón las telarañas
y los ojos felices y felinos
miran y de mirar nunca se cansan.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
es una vocación para las manos
para los labios es casi un destino
y para el corazón un despilfarro
una mujer desnuda es un enigma
y siempre es una fiesta descifrarlo.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera una luz propia y nos enciende
el cielo raso se convierte en cielo
y es una gloria no ser inocente
una mujer querida o vislumbrada
desbarata por una vez la muerte.
Mario Benedetti
miércoles, 28 de mayo de 2008
Esta es la última y luego nos vamos
Las despedidas, como los orgasmos, nunca son suficientes.... ni colman, ni te dejan satisfecha. Siempre quieres más... ¿que se acabó la fiesta? ¡a que horas que ni me di por enterada! Eso me pasa por quedarme dorminda mientras que los demás disfrutan como enanos del colofón de la reunión que yo misma organicé o propicié.
...no es lo mismo la navidad que veinte cervezas después, así me pasó esta vez que dejamos tierras regias para remontar hasta el terruño, nunca terminé de llenarme de la presencia de los amigos: de los que vi, de los que no vi, de los que estuvieron, de los que desafortunadamente se lo perdieron.
Esta vez me embriagué de todos los que formaron parte de mi vida en Monterrey y lo mejor es que no tuve que curarme la resaca al día siguiente. Todavia estoy disfrutando de la francachela, que ni mandada a hacer, como para volverla a repetir...
Ya habrá tiempo, si así fue la despedida, cómo será el re encuentro...
...no es lo mismo la navidad que veinte cervezas después, así me pasó esta vez que dejamos tierras regias para remontar hasta el terruño, nunca terminé de llenarme de la presencia de los amigos: de los que vi, de los que no vi, de los que estuvieron, de los que desafortunadamente se lo perdieron.
Esta vez me embriagué de todos los que formaron parte de mi vida en Monterrey y lo mejor es que no tuve que curarme la resaca al día siguiente. Todavia estoy disfrutando de la francachela, que ni mandada a hacer, como para volverla a repetir...
Ya habrá tiempo, si así fue la despedida, cómo será el re encuentro...
domingo, 7 de octubre de 2007
marea de gente
El pasado es prólogo, que bien se puede convertir en lastre, si es que antes no se convirtió en aprendizaje, en moraleja. El prólogo de tu pasado se vuelve una suerte de carga que llevas cargando como si fuera una lápida, y que cada vez que te caes de rodillas tras haber tropezado, vuelves a sentir el peso de esa carga y a pesar de que la buscas e intentas con todas tus fuerzas desprenderte de ella, no la ves porque la llevas atada a la espalda, y cada vez que volteas hacia atrás, juras que no está ahí porque con la vista, con tus manos no la alacanzas para deshacerte de ella.
Sin embargo ahí está, aunque lo niegues, la lápida existe, la llevas cargando, lo mismo que existen esos odiosos bichos que dicen los científicos que habitan en tus pesatañas o los que se aumulan en tu almohada y que los respiras cuando te vas a la cama. Aunque la vista no te permita atisbarlos.
Así de real, de manifiesto, está el prólogo de tu pasado en cada acto que representas de nueva cuenta; llámese relación que emprendes, trabajo que retomas, amistad que renuevas.
Aunque no lo puedas ver ni tocar, ese prólogo volverá a ser leído una vez más en tu inconciente, cada vez que te enfrentas a la repetición de una experiencia que en algún momento, como deja vu, ya la viviste e inevitablemente marcará, determinará o guiará, el destino de esa experiencia, haciéndola sencilla o difícil, amarga o placentera...
Nadie que haya vivido con intensidad puede atreverse a decir que el pasado en el pasado está y que nada ni nadie lo trae de regreso al presente para que lo vuelvas a vivir, para que prácticamente lo recicles, para que te lo vuelvas a poner como abrigo pasado de moda, porque que de alguna manera que solo tu entiendes te presta cobijo, te protege de el presente que se antoja desconocido, cuando no hostil, a pesar de que huela a naftalina, a pesar de que esté viejo y desteñido.
Recordar, recrear, recargar el pasado en la memoria para determinar el rumbo de experiencias en el presente no es otra cosa más que un mecanismo de supervivencia, difícil admitir que no siempre te permite sobrevivir de la manera más decorosa, a veces te orilla a decir que no sin antes siquiera haber probado, intentado, apostado, y por qué no, hasta disfrutado.
Te obligam queriendo, o sin querer, a salir corriendo en la dirección contraria, a pesar del peso que cargas en tu espalda.
El prólogo que representa el pasado equivale a una cuota que nos cobra el presente para permitirnos la osadía de transitar hacia el futuro; es el pago de derechos, de un boleto de entrada a un concierto que disfrutaremos desde la fila más alejada, con tal de que no nos asfixie el tumulto que ya se ha arremolinado al frente del escenario, ese que disfruta a sus anchas, descarado, casi cínico, de la presentación desde la primera fila, aún a riesgo de que lo pisen o lo aplasten.
Así de pesado se puede volver el prólogo de tu pasado que cargas a cuestas en la espalda, mismo que por más vueltas que des, no atinas a identificarlo para deshacerte de él.
Sin embargo ahí está, aunque lo niegues, la lápida existe, la llevas cargando, lo mismo que existen esos odiosos bichos que dicen los científicos que habitan en tus pesatañas o los que se aumulan en tu almohada y que los respiras cuando te vas a la cama. Aunque la vista no te permita atisbarlos.
Así de real, de manifiesto, está el prólogo de tu pasado en cada acto que representas de nueva cuenta; llámese relación que emprendes, trabajo que retomas, amistad que renuevas.
Aunque no lo puedas ver ni tocar, ese prólogo volverá a ser leído una vez más en tu inconciente, cada vez que te enfrentas a la repetición de una experiencia que en algún momento, como deja vu, ya la viviste e inevitablemente marcará, determinará o guiará, el destino de esa experiencia, haciéndola sencilla o difícil, amarga o placentera...
Nadie que haya vivido con intensidad puede atreverse a decir que el pasado en el pasado está y que nada ni nadie lo trae de regreso al presente para que lo vuelvas a vivir, para que prácticamente lo recicles, para que te lo vuelvas a poner como abrigo pasado de moda, porque que de alguna manera que solo tu entiendes te presta cobijo, te protege de el presente que se antoja desconocido, cuando no hostil, a pesar de que huela a naftalina, a pesar de que esté viejo y desteñido.
Recordar, recrear, recargar el pasado en la memoria para determinar el rumbo de experiencias en el presente no es otra cosa más que un mecanismo de supervivencia, difícil admitir que no siempre te permite sobrevivir de la manera más decorosa, a veces te orilla a decir que no sin antes siquiera haber probado, intentado, apostado, y por qué no, hasta disfrutado.
Te obligam queriendo, o sin querer, a salir corriendo en la dirección contraria, a pesar del peso que cargas en tu espalda.
El prólogo que representa el pasado equivale a una cuota que nos cobra el presente para permitirnos la osadía de transitar hacia el futuro; es el pago de derechos, de un boleto de entrada a un concierto que disfrutaremos desde la fila más alejada, con tal de que no nos asfixie el tumulto que ya se ha arremolinado al frente del escenario, ese que disfruta a sus anchas, descarado, casi cínico, de la presentación desde la primera fila, aún a riesgo de que lo pisen o lo aplasten.
Así de pesado se puede volver el prólogo de tu pasado que cargas a cuestas en la espalda, mismo que por más vueltas que des, no atinas a identificarlo para deshacerte de él.
miércoles, 15 de agosto de 2007
Amores perros
Bienvenida a mi casa, creo que tu y yo nos vamos a llevar muy bien. Eres menuda y escurridiza, y esa piel tuya que es tan suave al tacto, facilitan las cosas. No habrá lucha de poderes, excepto las semanas que nos tomará entrenarte para que entiendas que no debes marcar tu territorio a diestra y sinientra. Todo tiene su lugar.
Estoy feliz de compartir mi espacio y mi tiempo contigo. Te antojas fiel compañera, y como a mi, te gusta estar sola, sin que nadie te moleste, pero también te agrada departir en momentos de agradable convivencia. Gracias por ser mi compañera, gracias por el cariño incondicional, por las fiestas que me haces cuando te demuestro que me importas, garcias por dejarte cuidar, por acompañarme, por ser mi compinche, por motivarme a levntarme más temprano para abrirte la puerta y salir a dar un paseo.
Gracias por no renegar, no hocicionear y no tomar mis cosas sin pedirlas, eso es lo más maravilloso de una compañerade departamento que es por demás conveniente. Prometo prodigarte todos los cuidados que necesites, pero sobre todo, no darte una vida de perros, sino una vida de diva, esa que lisonjeas de modo por demás convncente cuando me miras fijamente con esa mirada de"yo no fui" que derrite a cualquiera. Eres toda una drama queen, vestida de negro y con mitones.
Ah!, por cierto, adoro tus besos de lengua...
Estoy feliz de compartir mi espacio y mi tiempo contigo. Te antojas fiel compañera, y como a mi, te gusta estar sola, sin que nadie te moleste, pero también te agrada departir en momentos de agradable convivencia. Gracias por ser mi compañera, gracias por el cariño incondicional, por las fiestas que me haces cuando te demuestro que me importas, garcias por dejarte cuidar, por acompañarme, por ser mi compinche, por motivarme a levntarme más temprano para abrirte la puerta y salir a dar un paseo.
Gracias por no renegar, no hocicionear y no tomar mis cosas sin pedirlas, eso es lo más maravilloso de una compañerade departamento que es por demás conveniente. Prometo prodigarte todos los cuidados que necesites, pero sobre todo, no darte una vida de perros, sino una vida de diva, esa que lisonjeas de modo por demás convncente cuando me miras fijamente con esa mirada de"yo no fui" que derrite a cualquiera. Eres toda una drama queen, vestida de negro y con mitones.
Ah!, por cierto, adoro tus besos de lengua...
lunes, 13 de agosto de 2007
lunes, 6 de agosto de 2007
Nueva Presentación, mismo contenido
Todos los productos que a las mujeres nos vuelven locas vienen en envases diferentes; novedosos... lindos a la vista, prácticos al tacto... hay productos que son lo mismo pero en diferente presentación, en envase colorido, digno de presumir... pero la fórmula es la misma, el contenido no varía... incluso si es malo el producto, basta con que nos llene la vista para pagar el precio que sea con tal de llevárnoslo con nosotras en ese mismo momento.
Con los hombres pasa lo mismo. Muchos de ellos están hechos de lo mismo pero su presentación es diferente. Su discurso para venderse es diferente, suena bien, saben cómo hacerlo, la elocuencia les sienta bien, porque logran su cometido, que saquemos la cartera y pagemos el precio por llevárnoslos "puestos".
Pero sucede que ya en casa, con la nueva adquisición, vamos descubriendo de qué están hechos, cuál es su contenido, cuál es la fórmula que los hizo desde una inicio tan atractivos, misma que luego de que reposar, se vuelve tóxica.
Decepcionante es cuando esa fórmula se asienta y sale a flote su ingrediente más denso; el egoísmo... o resulta que cuando sus ingredientes se mezclan con los nuestros, lo que antes parecía ser la formulación perfecta, al incorporarla con la nuestra, termina por cortarse y resulta imposible intentar siquiera volver al principio, para juntarlo todo de nuevo, para separar lo suyo de lo nuestro y rescatar lo que quede rescatable.
Es muy probable que no corramos con la suerte, la fórmula reconstruida no tiene el mismo efecto que solía embotar nuestros sentidos, la chispa se acabó;vemos, no sin tristeza, que el agua y el aceite no se mezclan, que nuestro deseo de amor, de respeto, de inculsión, no va con su deseo de un cuerpo, de preferencia acéfalo, de una compañera ocasional, siempre dispuesta y deseosa, que no se atreva a confrontarlos cuando lo que recibe a cambio de lo que está dispuesta a dar es poco, que no le pase por la mente siquiera cuestionar el porqué no están disponibles cuando se les necesita, incluso para para darles amor...
Resulta que al envase le salieron propiedades que no venían descritas en su etiqueta: ese envase, con todo y contenido... se evapora.
...que triste es terminar rematando ese envase que antes lucía tan atractivo porque el contenido, una vez reposado, se volvió tóxico y terminó ocasionando una reacción alérgica después de haberlo usado.
Se le quitan a una, por un buen tiempo, las ganas de salir de compras, de echar al carrito del supermercado lo primero que vemos en el estante, ese producto que a primera impresión nos hizo click a la vista, nos volvió locas... adios a las compras compulsivas o de útimo momento.
Con los hombres pasa lo mismo. Muchos de ellos están hechos de lo mismo pero su presentación es diferente. Su discurso para venderse es diferente, suena bien, saben cómo hacerlo, la elocuencia les sienta bien, porque logran su cometido, que saquemos la cartera y pagemos el precio por llevárnoslos "puestos".
Pero sucede que ya en casa, con la nueva adquisición, vamos descubriendo de qué están hechos, cuál es su contenido, cuál es la fórmula que los hizo desde una inicio tan atractivos, misma que luego de que reposar, se vuelve tóxica.
Decepcionante es cuando esa fórmula se asienta y sale a flote su ingrediente más denso; el egoísmo... o resulta que cuando sus ingredientes se mezclan con los nuestros, lo que antes parecía ser la formulación perfecta, al incorporarla con la nuestra, termina por cortarse y resulta imposible intentar siquiera volver al principio, para juntarlo todo de nuevo, para separar lo suyo de lo nuestro y rescatar lo que quede rescatable.
Es muy probable que no corramos con la suerte, la fórmula reconstruida no tiene el mismo efecto que solía embotar nuestros sentidos, la chispa se acabó;vemos, no sin tristeza, que el agua y el aceite no se mezclan, que nuestro deseo de amor, de respeto, de inculsión, no va con su deseo de un cuerpo, de preferencia acéfalo, de una compañera ocasional, siempre dispuesta y deseosa, que no se atreva a confrontarlos cuando lo que recibe a cambio de lo que está dispuesta a dar es poco, que no le pase por la mente siquiera cuestionar el porqué no están disponibles cuando se les necesita, incluso para para darles amor...
Resulta que al envase le salieron propiedades que no venían descritas en su etiqueta: ese envase, con todo y contenido... se evapora.
...que triste es terminar rematando ese envase que antes lucía tan atractivo porque el contenido, una vez reposado, se volvió tóxico y terminó ocasionando una reacción alérgica después de haberlo usado.
Se le quitan a una, por un buen tiempo, las ganas de salir de compras, de echar al carrito del supermercado lo primero que vemos en el estante, ese producto que a primera impresión nos hizo click a la vista, nos volvió locas... adios a las compras compulsivas o de útimo momento.
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